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Una madre nadadora en Pekín

A sus 41 años y con una niña, Dara Torres se ha convertido en la nadadora estadounidense de mayor edad que compita en unos Juegos y la primera de su país que lo haga cinco veces.

VMT -13:02:33 - 14/07/2008

Cuando en las pruebas de selección del equipo olímpico ‘yankee’ se cruzó con Michael Phelps, ese nadador estadounidense que aspira a enterrar la marca de siete medallas lograda por Mark Spitz en Munich’72 sumando ocho preseas en los Juegos de Pekín, le chirriaron los oídos. "¿Qué tal, mamá?". Ella dio un respingo. Sonrió, sí, pero en su cara se trazó una mueca que mezclaba la resignación y el orgullo. "Prefiero que me consideres tu hermana mayor", le soltó. Y ambos explotaron en carcajadas.

Ella, la protagonista de una brillante historia de superación salpicada de transtornos alimenticios y varias lesiones, es Dara Torres. A sus 41 años y con una hija de dos, Tessa, se plantará en el flamante Centro Acuático Nacional de Pekín -bautizado como el ‘cubo de agua’- y se convertirá en la nadadora más veterana que ha defendido la patria de las barras y estrellas en la gran reunión del deporte internacional. Competirá en sus quintos Juegos, una proeza nunca vista en la natación estadounidense y más para una deportista que se faja en disciplinas de velocidad pura, como los 50 y 100 metros libres -a esta prueba ha renunciado- y los relevos 4x100, de un rigor extremo.

64.000 euros en entrenar

Se podría decir que Torres, que luce nueve medallas olímpicas, ha parado el tiempo, tirar del tópico de que ha hecho un pacto con el diablo para conservar una esbelta figura y una potencia física increíble para una mujer de su edad y madre. Pero no es así. Para nada. Se lo ha trabajado para volar en la pileta. Y mucho. También se ha dejado mucho dinero para obtener el pase asiático.

Ella misma lo reconoció en un extenso reportaje en el ‘New York Times’. Al año, se gasta 100.000 dólares (en torno a 64.000 euros) en su preparación. Es decir, para pagar a un grupo compuesto por nada menos que ocho personas: dos técnicos de natación; un entrenador personal (Andy O’Brien, que también asiste a los Florida Panthers de hockey hielo); un terapeuta físico; un masajista; por supuesto una niñera para Tessa; y dos especialistas en estiramientos.

Estos últimos son, precisamente, lo que ella denomina su "arma secreta". Se trata de un método, cuya traducción al castellano sería algo así como ‘resistencia-estiramiento’, que descubrió en 1999. Pasaba por un mal momento. Se retiró tras los Juegos de Barcelona, siete años antes, y acababa de separarse de su primer marido. Además, el gusanillo del agua volvió a brotar y, gracias a este sistema, que concede a los músculos una mayor rapidez y potencia debido a que realizan un menor recorrido, regresó a la élite. Y, a sus 33 años, maravilló en los Juegos de Sidney, en 2000. Explotó. Cinco medallas. Dos oros en relevos y tres bronces en 50 y 100 libres, y 100 mariposa, rubricados con récords mundiales. Fue la estrella. Y dijo basta. "Soy como una abuela para la natación". Adiós.

Se casó por segunda vez, con un judío, abrazó esta religión, que fue la de su padre hispano, se divorció, volvió a contraer matrimonio y nació Tessa, su hija, en abril de 2006. Durante el embarazo, le recomendaron hacer ejercicio y esta mujer, que guarda en su garaje un Mini Cooper y un Lexus, se zambulló en el agua. Su espíritu competitivo, agazapado, brotó, como les ha ocurrido a otras mamás ilustres: la británica Paula Radcliffe -que también competirá en Pekín y ganó el último maratón de Nueva York diez meses después de dar a luz- y Lindsay Davenport.

Mejor que con 16 años

Torres sigue su ejemplo. Y ahí está, en el equipo de EE UU para los Juegos, tras quedarse a 28 centésimas del actual récord del mundo de los 50 libres en los trials y destrozar el mejor registro de su país. Pero no es gratis. Ha habido un largo camino. Entrena en el agua dos horas al día, cinco veces por semana. Después, en sesiones de noventa minutos, acude cuatro días al gimnasio para potenciar la fuerza y la explosividad, lo que le ha permitido mejorar su tiempo de reacción, fundamental en las pruebas de velocidad... "Está mejor que cuando tenía 16 años. Más delgada. Más fina. Tiene el cuerpo del nadador perfecto, parecido al de Phelps: hombros anchos, torso largo, caderas finas y brazos largos", admite su entorno. También han surgido obstáculos, como las lesiones y las acusaciones de dopaje. Para callarlas, se ofreció a pasar cuantos controles de sangre y orina fueran necesarios. De momento, ha superado una docena, todos con el mismo resultado: negativo.

Un término que no conoció en su niñez. Nadó en la abundancia. Hija de una ex modelo, la quinta de seis hermanos, se crió en el selecto barrio californiano de Beverly Hills, en una casa con ‘sólo’ diez cuartos de baño. No le faltaba de nada. De hecho, cuando destrozó el récord del mundo de 50 metros libres con 14 años (en 1981), su reacción fue la de una persona sin ninguna ilusión. Vamos, como si hubiese ganado una partida de campo quemado. "Alguien me dijo que era la más rápida. Yo pensé: ‘muy bien’. Está ‘chulo’. Sin más". Hubo también una segunda y una tercera.

Cae en la bulimia

Y luego llegaron los Juegos. Su estreno. En Los Ángeles, donde nació un 15 de abril de 1967. Ganó el oro, en 4x100 estilos. Después, entró en la Universidad de Florida. Surgieron las dificultades, los baches, la marejada. Cayó en la bulimia por el estricto control de peso a la que le sometían los técnicos. Vomitaba para estar en orden, para no pasar ni un miligramo de su peso ideal. Pero aprendió a convivir con un transtorno ya superado. "Siempre debes cuidarte si has sido bulímica. Ahora, no me privo de nada", admite.

De hecho Toyota, uno de sus patrocinadores junto a Speedo -esos que le permiten contar con 64.000 euros para entrenarse-, ha convertido a Torres en emblema contra los desordenes alimenticios para lo que ofrece una serie de charlas.

A pesar de la enfermedad siguió. Luchando. Ahí, por fin, forjó su carácter. Se convirtió en la número uno del ranking de 100 libres en 1988. Y en Seúl, logró un bronce en 4x100 libres y una plata en 4x100 estilos. Luego compitió en Barcelona, con un oro en 4x100 libres... Y lo dejó, en parte por una grave lesión que no le impidió estar en Cataluña. Tenía 25 años. "Ya soy mayor para pensar en la natación", se excusó.

Se casó por primera vez y se convirtió en estrella mediática, al más puro estilo Beverly Hills: modelo, comentarista de diversos canales en los Juegos de Atlanta, y la primera atleta que posó para el especial anual de baño de ‘Sports Illustrated’, perseguido por el público masculino. Estaba en otra onda. Hasta que conoció el método de trabajo ‘resistencia-estiramiento’ y explotó el medallero en Australia. De hecho, tras la descalificación de Marion Jones, Torres es la estadounidense que más preseas ha logrado en una cita olímpica.

Pero huyó. Fuera del agua, de nuevo. Más programas de televisión, más desfiles, posados en Maxim... Y otro marido, el tercero. David Hoffman, padre de Tessa. Sin dejar pasar el periodo de convalecencia tras dar a luz -en una semana y media ya estaba haciendo ejercicios de bíceps y tríceps- se puso en la línea de salida hacia Pekín. Ya ha sacado el billete. En Omaha, en los trials, con el novedoso bañador Speedo LZR y sus viejas gafas de Barcelona.

Eso sí, tras pasar un asombroso ritual. Antes de la competición, después, y durante la semana, es ‘aplastada’, literalmente, por sus dos especialistas en estiramientos. Se tumba en el suelo y uno de ellos pasea descalzo por su tronco, mientras otro trabaja sobre sus músculos, también con los pies para hacerlo con mayor vigor, para liberar tensiones y el ácido láctico. Ésa es su fuerza. Bueno y la preceptiva concentración con un Ipod. Eso le ha valido para volver a la gloria, al primer plano, como demuestra que nada más acabar la prueba de 100 libres tenía 115 llamadas y mensajes en su móvil. Pero antes de atenderlas pensó en su padre. En Eduard, al que ocultó su regreso. Muerto hace un año y medio. Se sentó en el suelo de la piscina y le dedicó el triunfo. "Él me ha ayudado", reconoció luego. Y por él, luchará en Pekín. Para lograr alguna medalla. De momento, ella amenaza. "Puedo ir más rápido".

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