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Tres deportes en uno

La triatleta de Zarautz, Ainhoa Murua, se enfrenta cada día a un extenuante programa de entrenamiento con el objetivo de mejorar en Pekín su actuación en Atenas.

VMT -13:37:04 - 14/07/2008

La cita es a las once de la mañana en el mirador de la Munoa, en una esquina de la playa de Zarautz. Ainhoa Murua llega en bicicleta, vestida de ciclista, con un maillot azul marino, el casco reglamentario y unas gafas de espejo. La triatleta guipuzcoana es morena y menuda, y rezuma energía. Viéndola llegar, veloz, hasta da un cierto reparo retrasar su segunda sesión de entrenamiento del día para charlar un rato sobre su carrera deportiva y sus expectativas de cara a los Juegos de Pekín. Sobre todo, pensando que la entrevistada viene de haber nadado 5.000 metros, que tiene por delante tres horas dando pedales y que, por la tarde, deberá correr durante una hora y cuarto.

A Ainhoa, sin embargo, no parece importarle la interrupción y sonríe cuando echa la vista atrás y se recuerda así misma hace veinte años, observando admirada a los participantes del triatlón de Zarautz, unas de las pruebas con más solera de España en esta especialidad. "Era una niña, pero me llamaba mucho la atención. Me parecía una pasada lo fuertes y resistentes que eran. Recuerdo a Dina Bilbao, que entonces era la mejor por aquí. Era a la que más animaba", comenta.

La admiración de Ainhoa Murua a los triatletas era perfectamente lógica. Hablamos de una deportista por naturaleza, la típica niña inquieta que no paraba un segundo en el patio de la Ikastola Salbatore Mitxelena y que lo mismo jugaba al fútbol, que nadaba o practicaba el atletismo. La cuestión era no estarse quieta. Al final, puesta a elegir, optó por la natación y se apuntó al club del pueblo. Tuvieron que pasar unos años hasta que decidió probar con el triatlón. "Fue cuando empecé a estudiar INEF en Vitoria. A mí siempre me había gustado. La verdad es que los tres deportes me tiraban mucho. Conocí a una gente que lo practicaba en el club Judizmendi y me acabé apuntando", recuerda.

Desmayo en Coria

Los comienzos no fueron fáciles, sobre todo a la hora de mejorar con la bicicleta y en la carrera de fondo. En natación, partía con más nivel. De algo servían los miles de largos que había hecho en las piscinas de Zarautz. Pero combinar tres deportes que plantean exigencias tan diferentes a nivel muscular era muy complicado. Había que sufrir. La dureza del triatlón la sintió Ainhoa con toda su crudeza en la primera competición a la que se apuntó. Fue en Coria (Cáceres). Hacía un calor sahariano y la guipuzcoana, todo pundonor, pagó la novatada. No se hidrató lo suficiente y, durante la carrera, a partir de los cinco kilómetros, comenzó a sentirse mal. Resistió todo lo que pudo, pero a cien metros de la meta se desplomó, desmayada. Acabó en el hospital y tuvo que pasar un día entero con suero. "No dije nada en casa. Si no, mi madre no me deja volver a correr. Hasta hace dos años no se lo conté", confiesa, entre risas.

Aquel inicio traumático no le arredró. No es Ainhoa una persona que se dé por vencida al primer contratiempo. Siguió entrenando, endureciéndose, aprendiendo a compaginar los 1,5 kilómetros de la natación, con los 40 kilómetros de bicicleta y los 10 kilómetros corriendo, que son las distancias del triatlón olímpico. (No confundir, por cierto, con las del triatlón original, el que nació con el Ironman de Hawai, una salvajada, al límite del esfuerzo humano, consistente en completar 3,8 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y un maratón). Al cabo de dos años de duro trabajo, la zarauztarra comenzó a obtener sus recompensas. "Empecé a ganar algunas carreras del circuito vasco y a hacer podios y terminé delante un campeonato de España. Al poco tiempo, en 2001, quedé la décima en el triatlón internacional de Sevilla y la Federación me llamó entonces para participar en pruebas de la Copa del Mundo", recuerda.

La motivación

Todos los deportes olímpicos obligan a unos niveles de sacrificio muy grandes, pero el triatlón es, de largo, uno de los más exigentes. Un día en la vida de Ainhoa Murua es un muro de esfuerzo. Se levanta antes de las nueve y se va a la piscina, donde nada entre hora y cuarto y dos horas dependiendo de la época y de los cálculos de su entrenador, Iñigo Mujika. Luego vuelve a casa y coge la bici, cuyos recorridos varían también, en función de las necesidades, entre dos horas y cuatro. De regreso a casa, tras hacer un buen acopio de hidratos de carbono y ayudar a su alimentación con suplementos de hierro y vitamina C, Ainhoa echa una siesta. Necesita relajar los músculos y reponer fuerzas antes de salir a correr entre una hora y hora y media. Y así todos los días salvo el domingo. "Es verdad que se hace duro. Necesitas mucha continuidad. Hay días en los que te apetece entrenar y otros en los que no. Pero, al final, lo haces porque te gusta. Yo cuando estoy unos días sin poder entrenarme me siento mal", reconoce.

El triatlón se ha convertido en su vida. Becada por el ADO y por la Fundación Euskadi Kirola, Ainhoa se pasa el año recorriendo el planeta con un maletón y una bicicleta, participando en las pruebas de la Copa del Mundo. Y no pierde la motivación. Quiere seguir mejorando, llegar algún día a un podio y que, en su palmarés, no figuren como mejores resultados los cuartos puestos que obtuvo en el Europeo de 2005 y en las pruebas de Saldford y Cancún. "En este deporte, o tienes voluntad de mejorar y superarte día a día o es mejor dejarlo", sentencia.

Ainhoa viajará a Pekín sin presión. Serán sus segundos Juegos Olímpicos. En Atenas quedó vigesimocuarta y quiere mejorar. Eso sí, ni ella ni la veterana Ana Burgos, séptima en Atenas, tienen opciones de estar entre las primeras en una prueba que deben dominar la australiana Emma Snowsil y la portuguesa Vanessa Fernández; todo lo contrario de lo que ocurre con los dos representantes masculinos del equipo español, Javier Gómez Noya, campeón del mundo y gran favorito para el oro -"un animal", dice Ainhoa-, e Iván Raña. "Me gustaría llegar con buenas sensaciones y darlo todo. Quedarme bien por dentro. A un día y con las condiciones que va a haber, necesitas un poco suerte, nadar bien para poder coger un grupo puntero en la bici. Eso es muy importante", explica. La conversación termina. Desde el mirador de la Munoa se ven los penachos de espuma de las olas. El mar comienza oscurecerse bajo un cielo gris. Es posible que llueva. Ainhoa se resigna. Ella no puede detenerse.

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