
La selección española de baloncesto levita desde hace tiempo con la copa de vino en la mano y la fragancia de las rosas alrededor. Se ha ganado esa condición por calidad, espíritu colectivo y gen para competir.
VMT -11:20:16 - 15/08/2008
La misma que provoca envidia en los desheredados, ambiciosos por obtener siquiera un trocito de hedonismo. Y claro, el placer y la angustia se entienden como antónimos. España, habituada a viajar con lacayos, lleva de mala manera eso de servir los canapés. 65 minutos de sufrimiento -todo el encuentro contra China y el primer tiempo frente a Alemania- son excesivos para un equipo acostumbrado a dictar las leyes que debe cumplir el resto.
Así que el conjunto de Aíto necesitaba un golpe de efecto literario, cinematográfico o deportivo para recobrar las sensaciones momentáneamente perdidas. Y lo disfrutó en un minuto de oro, el primero a la vuelta de los vestuarios.
En realidad, 57 segundos que fueron un compendio de su capacidad natural para la destrucción ajena. Triple del ayer sólido y resolutivo Mumbrú, canasta y adicional de Ricky, otro robo del "delincuente" juvenil, parcial de 8-0 y 47-36 en el marcador, reverso de aquel 33-36 en contra al borde del descanso. Faltaba una ramita de perejil para decorar el plato y apareció Garbajosa con otro acierto de tres puntos, su argumento olvidado en el baúl de los recuerdos que puede servirle para ingresar realmente en los Juegos Olímpicos.
Más noticias de Polideportivo