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Una vida al volante

La joven donostiarra ha conseguido convertirse en la primera española que se clasifica en individuales de bádminton para unos Juegos Olímpicos.

VMT -12:43:47 - 16/07/2008

Todo empezó cuando Txomin Madinabeitia regresó de Inglaterra con ideas nuevas. Durante su estancia en la Gran Bretaña, este marianista donostiarra descubrió un deporte extraño cuyos primeros balbuceos se remontaban a la Edad Media, a un juego llamado "Battledore and Shuttlecock" que consistía en golpear con una especie de remo una pequeña bola de corcho adornada con plumas de ganso. En la década de los sesenta del siglo XIX, oficiales de la Armada Británica en Pune (India) añadieron al viejo juego de sus antepasados el picante de superar una red. Al cabo de una década, el duque de Beaufort se enganchó al nuevo deporte y comenzó a practicarlo sin descanso en su finca, Badminton House.

Nada de esto sabía la donostiarra Yoana Martínez cuando, a los trece años, se dejó convencer para practicar el bádminton en el colegio de los Marianistas. Madinabeitia había captado a un grupo de siete u ocho voluntarios. Al principio, delante de todos los compañeros, no pudieron evitar un cierto pudor ante la duda de si estaban protagonizando un gran descubrimiento o haciendo un poco el primo. El juego, sin embargo, les fue enganchando a todos. Y es que se lo pasaban de miedo. Comenzaron a manejar con destreza la raqueta y a descifrar el vuelo del volante, ese extraño proyectil de forma cónica con una base de corcho semiesférica cubierta de una delgada capa de cuero y 16 plumas extraídas del ala izquierda de un ganso. Yoana, una gran deportista, no tardó en destacar. «Desde el principio, me pareció un deporte muy completo y muy divertido. Siempre digo lo mismo: no conozco a nadie que haya jugado al bádminton por primera vez y no le haya gustado. Además, se me daba bien», explica.

Familias de golpes

Son las once de la mañana y Yoana Martínez sale del gimnasio y entra al pabellón de bádminton del Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Afuera, bajo un sol radiante, la pista de atletismo es un hervidero de velocistas, saltadores y mediofondistas. Sudan como caldereros, algunos de ellos descontando los días que faltan para los Juegos. Mientras la donostiarra atiende al periodista, cuatro compañeros suyos, entre ellos Pablo Avián, clasificado para Pekín en individual masculino, se ejercitan bajo la supervisión de Anders, el ayudante danés del seleccionador nacional Fernando Rivas. Sus golpes y movimientos son tan variados que obligan a una explicación para los legos en la materia, una mayoría de la que no se escapa este cronista.

Uno se entera entonces de que en el bádminton, que se juega al mejor de tres sets de 22 puntos cada uno, hay que sacar golpeando por debajo de la cintura y de que existen tres grandes familias de golpes: los de red, los de media cancha y los de fondo de pista. En la red, por ejemplo, los golpes más típicos son el netkill (una especie de mate rápido), el netshot (dejada) o el lob (una levantada alta). Desde la media cancha, por su parte, son normales el drive (golpe plano) y el smash, mientras que del fondo de la pista se puede dar un clear (un golpe alto y en parábola), un smash normal o un jumpsmash (el smash que se hace saltando). En algunos de ellos, el volante adquiere una velocidad supersónica, superior a los 300 kilómetros por hora. El récord lo tiene un chino, que en un partido de dobles soltó un latigazo a 357 por hora.

Yoana Martínez y sus compañeros de colegio comenzaron a competir por España y Francia a partir de los quince años. La cosa iba en serio. A Txomin Madinabeitia le sustituyó el técnico chino Yang, que había sido seleccionador español en los primeros Juegos en los que el bádminton tuvo carácter de deporte oficial: Barcelona 92. La adolescente donostiarra no tardó en destacar y en comprender que aquel juego ya nunca dejaría de formar parte de su vida. También empezó a soñar con poder participar un día en unos Juegos Olímpicos. «¿Qué deportista no tiene ese sueño?», pregunta, sabiendo que no falta mucho para que ella pueda cumplirlo.

Como Willy Fogg

No lo ha tenido fácil, desde luego. En las últimas décadas el bádminton, tanto en hombres como en mujeres, se ha convertido en un coto casi exclusivo de los asiáticos. Chinos, indonesios y coreanos ejercen un dominio tan abrumador en individuales, dobles y dobles mixtos que sólo algún occidental tocado por la mano de los dioses se atreve a poner en entredicho. Si fuera por ránking, sólo competiría esa gente. El COI, sin embargo, está obligado a dar oportunidades a otros países del ancho mundo y ahí encontró Yoana Martínez la rendija por la que colarse. La donostiarra, que desde 2000 vive en la residencia Blume, ocupaba en mayo de 2007 el número 46 en el ránking mundial. Era una posición como para poder aspirar a Pekín. Sin embargo, durante un torneo en Cuba se rompió el talón de Aquiles. Estuvo cinco meses sin competir. A poco de regresar a las pistas, la mala suerte le golpeó de nuevo. Tuvieron que operarle de apendicitis, lo que le apartó dos meses más. Lucía Povera, su gran rival en España, le adelantó en el ránking. Viendo que, a sus 27 años, el sueño olímpico se esfumaba, Yoana apretó los dientes. «Durante meses, he parecido Willy Fogg. Recuerdo que fui de Kenia a la India, de allí a Perú, de Perú a Nigeria, y de Nigeria a Canadá. Apenas entrenaba. Competía y competía en busca de puntos. Ha sido un gran sacrificio, pero ha merecido la pena».

Tras cumplir el ciclo olímpico, la guipuzcoana era la reserva número tres para obtener el pasaporte a Pekín, pero se contaba con que la Federación Internacional sacara más plazas en individuales femeninos. Yoana tuvo que aguantar varias semanas la incertidumbre. Cruzaba los dedos. Hasta que llegó por fin la gran noticia. «Estaba en San Sebastián y me llamó un compañero de Marianistas. Me dijo que había salido la lista y que me habían incluido. Imagínate la alegría. Fue increíble», recuerda.

Sus posibilidades en China son modestas, pero conviene no olvidar que la grandeza siempre es una cuestión de perspectiva. Para un representante español de bádminton el gran reto no es llegar a las medallas -algo completamente disparatado-, sino ganar un partido en unos Juegos, pasar una ronda. Ninguno lo ha conseguido. De hecho, Yoana es la primera mujer que logra clasificarse para los Juegos en individual. «Sería increíble poder conseguirlo. ¿Posibilidades? Está claro que va a depender del sorteo. Si tengo un poco de suerte, puedo dar la campanada», dice, con un brillo en la mirada.

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