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El cubo mágico de Phelps

Con el de Baltimore al frente, la natación en Pekín ha estado a un nivel descomunal con 25 récords del mundo, glorificando a una bella instalación que pasará a la historia.

VMT -14:53:05 - 19/08/2008

Reposa el agua del Cubo pequinés al tiempo que se sumergen las sirenas de la sincronizada, estilistas bellezas que contrastan con las descomunales espaldas de los nadadores en línea. Un día después de que la natación haya echado el cierre, el mundo se frota los ojos para cerciorarse de que es real. Sí, Michael Phelps sigue en boca de todos por la magnitud de su gesta, superior a la de Mark Spitz, imposible de superar por ningún otro mortal. Ocho oros en otras tantas competiciones con siete plusmarcas mundiales y el reconocimiento de todo el movimiento olímpico, orgulloso al verse representado por el gigante de Baltimore.

Acapara todas las miradas y Estados Unidos, aunque sea por un día, habla de algo más que no sea béisbol o fútbol americano. Para eso vive Phelps, para dar un impulso a un deporte que pasa desapercibido salvo en los Juegos o en el Mundial. Son inagotables jornadas de preparación, con cientos de kilómetros a lo largo del año dando brazadas, y la repercusión mediática es irrisoria si se compara con otros deportes de mayor tirón nacional. Le ocurre a Phelps y a casi todos los otros nadadores olímpicos. Pekín se ha convertido en el mejor escaparate para aupar a la natación ahí donde merece.

Sólo la majestuosidad del Cubo de Agua, un regalo para los ojos por su espectacular estructura gana muchísimo por la noche con la iluminación multicolor, hace del deporte acuático un reclamo para cualquier aficionado. Y si luego dentro de él se logran mejorar 25 topes mundiales, mejor que mejor. Este Cubo, que pertenece básicamente a Michael Phelps, es mágico. Se ha nadado a un ritmo fugaz, sorprendentemente rápido. Tanto que más de uno dudaba de si esta piscina cumplía con la distancia reglamentaria. «Parece que mide 48 metros, se va rapidísimo», confesaba César Cielo Filho, el hombre más rápido del mundo en los 50 metros libre. El nivel ha sido altísimo, descomunal. En Atenas se lograron siete récords del mundo, quince cuatro años atrás en Sidney y en 2008, en la grisácea Beijing, se han logrado veinticinco. Nunca se ha nadado a esta velocidad, sin que importe el bañador.

Las chicas al poder

Phelps al margen, aunque sea imposible hablar de la natación sin tener en mente a este extraterrestre, otros nombres han brillado con luz propia durante la primera semana de estos Juegos. Más chicas que chicos, pues la competición femenina ha estado mucho más reñida al tener repartidos los protagonismos. Siendo Dara Torres la más llamativa de todas las participantes, que con sus 41 años se ha colgado tres medallas de plata, las chicas han ofrecido carreras soberbias, especialmente en las combinadas.

La dueña de los estilos ha sido Stephanie Rice, una sensacional australiana que ha subido tres veces a lo más alto del podio.

Además del 200 y 400 estilos, ganó el 4x100 estilos. En ese relevo le acompañaron Libby Trickett y Jessicah Schipper, ambas también geniales en China. La primera sumó otro oro más (100 mariposa) y la segunda acabó con otros dos bronces. Rebecca Adlington se ha consagrado como la reina de la media distancia con sus triunfos en 400 y 800 (ahí donde debía luchar Villaécija) y la germana Britta Steffen ha sido inalcanzable en las pruebas de velocidad con los metales más preciados en los 50 y 100 metros libre. Sin embargo, la más laureada ha sido Natalie Coughlin con seis medallas, una de oro 100 espalda), dos de plata y tres de bronce.

En chicos, Laszlo Cseh (tres platas) y Ryan Lochte (dos oros con el 4x200 estilos y con el 200 espalda y dos bronces más) han vivido a la sombra de Phelps en las combinadas, mientras el japonés Kosuke Kitajima se ha consagrado como el mejor bracista de los tiempos modernos. Aaron Peirsol también ha brillado en espalda y mención especial para el librista Jason Lezak, que le dio medio oro en los 4x100 libre a Phelps con una posta final descomunal.

Estados Unidos arrasa con 31 medallas

Hasta trece himnos diferentes han sonado en el Cubo de Agua, siendo 19 los países que han recibido algún metal. Estados Unidos se ha consolidado como la referencia de la natación mundial con 31 metales en total, doce de ellos del máximo valor (ocho son de Phelps). En la clasificación general le sigue, aunque a una distancia considerable, la nutrida delegación de Australia, que añora la magia de Ian Thorpe. De las veinte medallas que ha conseguido, no hay ningún oro masculino por seis femeninos. Japón, gracias al inigualable Kosuke Kitajima en braza, ha subido cinco veces al podio, dos de ellas a lo más alto. A partir de ahí, los premios se reparten entre un amplio abanico de naciones liderado por Gran Bretaña, que gracias a Rebecca Adlington salva el tipo. La anfitriona China ha vuelto al medallero de la natación con seis galardones, uno de ellos dorado. Francia ha logrado seis metales e Italia sólo dos. España se lleva un diploma.

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