
La carrera ha sido, es y seguirá siendo, un enorme espectáculo posible gracias a ingentes cantidades de dinero y generado por las legítimas ansias de aventura de unos centenares de deportistas.
VMT -08:35:57 - 05/01/2008
Exageran, por no decir que deliran, aquellos que consideran el Lisboa-Dakar como una ONG destinada a salvar a África de sus males. Pero la presencia por unos días en la televisión y la prensa de países que no suelen tener apenas espacio ni tiempo en los medios es beneficiosa.
La carrera ha sido, es y seguirá siendo, un enorme espectáculo posible gracias a ingentes cantidades de dinero y generado por las legítimas ansias de aventura de unos centenares de deportistas. Supone además una incursión del norte en el sur, del primer mundo en el enésimo, de los caballos de los motores de coches, camiones y motos en la senda de los famélicos burros que los ven pasar desde la vereda del desierto.
Ahí es donde ha dado su mazazo la amenaza terrorista, que moviendo apenas uno de sus incontables tentáculos ha sido capaz de echar el freno del rally de los rallys. No es la primera vez que las amenazas de radicales islámicos llevan a la organización a plantearse la suspensión o el cambio de recorrido, como ocurrió el año pasado con las etapas de Malí. Pero esta edición, según las autoridades francesas, el riesgo de ataques terroristas había que tomarlo especialmente en serio y no sólo en el desierto mauritano, por donde iban a transcurrir 8 de las 15 etapas.
Entrenamiento y guarida
La enorme extensión que supone el desierto del Sahara sirve de caldo de cultivo, campo de entrenamientos y guarida de distintas células que comulgan con la doctrina de Osama Bin Laden. El desierto mauritano ya fue escenario, en junio de 2005, del ataque de una de ellas contra un cuartel en el que murió una quincena de militares.
Al Qaida del Magreb Islámico nació hace apenas un año asentado sobre la base del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), el grupo terrorista más importante de la región. Pero la franquicia de Bin Laden cuenta también con la ayuda de satélites entre los que se encuentran los mauritanos. Ellos son los principales sospechosos de haber logrado la suspensión de la competición.
A pesar de todo, el Lisboa-Dakar transcurre por un territorio de África -Marruecos, Sahara Occidental, Mauritania y Senegal- que no suele presentar problemas de seguridad para las carreras ni para los miles de aficionados que cada año se adentran en el desierto con sus todoterrenos. Muchos de ellos se encontraban ya incluso esperando a los participantes en el rally.
La suspensión de la prueba no sólo supone un palo para esos fanáticos del desierto, sino también para los propios competidores y para los millones de africanos que, aunque sólo sea durante unos instantes, ven cómo su existencia se asoma al mundo desarrollado. Todos ellos han sucumbido frente a los verdaderos vencedores de la carrera: los terroristas.
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