
"Sólo es un torneo más", advierte el jugador de Xàbia, elegido del top-10.
VMT -12:58:27 - 09/06/2008
Dos tenistas de la escuela Tennisval saldrán de Silla rumbo a Pekín. Uno, David Ferrer, ha tenido que trepar hasta el top-10 para ser uno de los elegidos entre la amplia nómina de aspirantes españoles. El otro es un perfecto anónimo que pasa por el tenis de puntillas. Pero la suerte de Komlavi Loglo es que no es español, es de Togo, un pequeño país del oeste de África con menos habitantes que Cataluña donde nadie juega al tenis, pero que tiene el derecho de enviar a un representante a los Juegos. Así que Loglo, número 437 del ranking ATP, alumno del centro que dirigen Pancho Alvariño y José Francisco Altur, aparecerá en la previa sin opciones de colarse en el cuadro de 64 jugadores en el que Ferrer figurará, salvo cambios notables, como quinto cabeza de serie.
Loglo vivirá en Pekín el momento más excitante de su carrera deportiva. Ferrer no. El valenciano viajará a los Juegos Olímpicos más motivado por lo que pueda ver que por lo que pueda hacer. "En otros deportes es diferente, pero para los tenistas yo creo que las Olimpiadas no son una prioridad. Para nosotros será un torneo más, no lo equiparamos a un Grand Slam ni a un Masters Series. Eso sí, espero tener la oportunidad de asistir a otros deportes".
El simbolismo es más seductor que la recompensa. Sin puntos ni dotación económica por medio, sólo los finalistas y el tercero regresarán plenamente satisfechos en el plano deportivo de su paso por Pekín. El único botín es una medalla. Y para gente como el de Xàbia, que lleva acumulados más de cinco millones de dólares (3,2 millones de euros) de premios, con el US Open a dos semanas vista, no motiva dejarse la vida por alcanzar los cuartos de final, por ejemplo, una ronda que no retribuye nada al tenista.
Otro cantar es desde el prisma emocional. "Ir a unos Juegos Olímpicos da mucho ilusión, se celebran cada cuatro años, representas a tu país y son algo muy diferente a lo que estamos acostumbrados", destaca Ferru. La primera diferencia será el hospedaje. Durante la semana del 10 al 17 de agosto cambiarán el lujo de los grandes hoteles por la austeridad de la villa olímpica. Pero eso no es un problema. Al contrario. "Una de las cosas que más me motivan es la de compartir el espacio durante unos días con deportistas de todo el mundo".
Las pistas donde se desarrollará el torneo olímpico se encuentran a sólo un kilómetro de la ciudad de los deportistas. El complejo cuenta con 16 pistas: 10 de competición y seis de entrenamiento. El aforo total es de 17.400 espectadores. El escenario de la final, que recuerda vagamente a Flushing Meadows, en Queens, tiene 10.000 butacas; las otras dos pistas principales, 4.800 y 2.000 asientos.
Sin una raqueta y una bola, David Ferrer es poco mitómano. Le ilusiona convivir con los mejores atletas del planeta, pero tampoco desea encontrarse con alguno en concreto. Sí tiene predilección por un deporte: el atletismo, la disciplina estelar en unos Juegos Olímpicos. La oportunidad de poder presenciar la final de los 100 metros con Usain Bolt, Asafa Powell o Tyson Gay, o cualquiera de los grandes desafíos sobre el óvalo del Nido, el estadio olímpico, parece motivarle más que batirse con los mejores de cada país sobre una superficie idéntica a la del US Open.
Está claro que el hecho de que los Juegos se inserten en la antesala del US Open y que las preseas olímpicas no sean el bien más preciado para un tenista parecen haber motivado a la organización china a distorsionar lo menos posible la preparación para el cuarto y último Grand Slam del año. El marco, la superficie y hasta el material, las bolas Wilson, serán muy similares a los del US Open.
Ahí se atisba un hilillo de inspiración para el pupilo de Javier Piles. El año pasado progresó hasta las semifinales del Abierto de Estados Unidos. El país también le transmite buenas vibraciones. En Shanghái vivió la temporada anterior su momento culminante, su definitivo salto a la fama, su reconversión en un fenómeno de masas. Allí, con motivo del Masters, el torneo de los Maestros, las ocho mejores raquetas del curso en liza, disputó la final ante Roger Federer después de un torneo sencillamente fantástico.
A fin de cuentas él es uno de los que aspiran a las medallas. Aunque el número cinco del mundo cree tener claro quiénes van a ser los héroes olímpicos empuñando una raqueta. "Federer, Nadal o Djokovic son los indiscutibles favoritos". Aunque, sorprendentemente, de su memoria empiezan a brotar recuerdos de anteriores Juegos Olímpicos. "Nunca se sabe. En Atenas llegaron a la final (el chileno) Nicolás Massu y (el estadounidense) Mardy Fish, y ganó Massu en cinco sets".
La escena que más recuerda también incluye dos raquetas y una red. Su momento olímpico por excelencia es la final de los Juegos de Barcelona"92 entre Jordi Arrese y el suizo Marc Rosset, que se impuso en cinco mangas.
Todos estos recuerdos parecen encenderle el ánimo. Y entonces, sólo entonces, deja volar brevemente su imaginación. "A Pekín voy con la intención de hacer un buen papel y está claro que ganar una medalla es algo grande", apunta sobre sus expectativas olímpicas, alimentadas por las conversaciones con Fernando Vicente, el castellonense que le cuenta sus batallitas de los Juegos de Sídney 2000.
Los tenistas parecen inmunes al jet-lag, el anglicismo que tanto inquieta a los deportistas de otras especialidades. Los atletas debaten largo y tendido sobre los perjuicios del cambio horario, la cantidad de días ideal para aclimatarse. Algunos, incluso, empiezan a retrasar su entrenamiento una hora cada día hasta ejercitarse a la hora de la competicion en el país de destino. Los tenistas no. Ellos viajan prácticamente todas las semanas. "Ellos compiten mucho menos que nosotros y por eso estamos más acostumbrados. Yo creo que le cuesta a todo el mundo, pero en una semana se soluciona", matiza David Ferrer, que en Pekín será actor y espectador.
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