
El tenista alicantino David Ferrer alcanza su mayor logro deportivo tras una carrera teñida de sobriedad y una crisis adolescente.
Vocento VMT -10:40:15 - 19/11/2007
David Ferrer alcanzó ayer, con 25 años, el punto más alto de su carrera profesional. Y no quiere quedarse ahí: llegar a la final de la Copa Masters en su estreno en esa competición puede ser el comienzo de una nueva etapa para el de Jávea. ‘Ferru’, así apodado por un entrenador debido a su carácter luchador, se reconoce un "guerrillero" en la pista, un jugador de fondo. Ya es el número cinco del mundo, "mi mejor resultado, un momento que hay que disfrutar". Pero no se duerme en los laureles y amenaza con "seguir trabajando para poder seguir aquí y hacer una buena temporada el año que viene".
Ferrer (Jávea, 2 de abril de 1982) comenzó a jugar al tenis a los ocho años. Lo hacía con su padre y con su hermano mayor, que también llegó a ser profesional tras ganar el campeonato de España infantil. Sin embargo, el llamado a saborear con más intensidad las mieles del triunfo era el pequeño David. Ya en categoría alevín fue campeón de la Comunidad Valenciana y semifinalista en los campeonatos de España y Europa. Los éxitos se repitieron en la categoría infantil, y por fin en 1996 ganó su primer título de campeón de España Sub-15.
Tras un año plagado de triunfos fue becado por la Federación Catalana de Tenis, y en su nueva etapa en Barcelona logró el campeonato de Europa y del Mundo por equipos de la categoría cadete junto a Tommy Robredo y Marc López. Pese a todo, a punto estuvo de dejar el tenis a los 16 años, esa edad en la que se empieza a perder por jugar con adversarios de más edad y en la que ya se había quedado su hermano.
Sin embargo, superó el bache e inició una progresión imparable. En 2000 se inscribió en el circuito profesional, en 2002 logró su primer título ATP en Bucarest y en 2005 se colocó entre los ocho mejores jugadores del Roland Garros. En 2006 y 2007 Ferrer consiguió nuevos títulos ATP en Stuttgart, Auckland, Bastad y Tokyo.
Fue en 2006 cuando logró situarse entre los diez mejores tenistas del mundo, un logro que palidece ahora con su flamante y recién estrenado quinto puesto. Pero mantiene su carácter reservado. Ya lo advierte, "no soy amigo de pasarelas ni de pintar la mona".
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