
Justine Henin deja detrás de sí 117 semanas como número uno de la WTA, con cuatro Roland Garros, dos Open de Estados Unidos y un Abierto de Australia, dejando como única asignatura pendiente el césped de Wimbledon.
VMT -10:38:22 - 15/05/2008
A sus 26 años, la "pequeña maravilla belga" (1,67 m de estatura y 57 kilos de peso), deja detrás de sí 117 semanas como número uno de la WTA, con cuatro Roland Garros, dos Open de Estados Unidos y un Abierto de Australia, dejando como única asignatura pendiente el césped de Wimbledon. Su infancia no fue fácil. Su madre murió de cáncer cuando ella tenía 14 años y la relación con su padre y hermanos era muy conflictiva. Su progenitor, un hombre severo, ejercía mucha presión sobre su vida deportiva y eso hizo que menguaran tanto su confianza como su rendimiento.
Después, el apoyo de su entrenador, el argentino Carlos Rodríguez, y su relación con, su ahora ex-marido, Pierre-Yves Hardenne, fueron claves para enderezar su vida y su carrera deportiva. En 2003, Justine Henin ganó su primer Roland Garros, barriendo del polvo de ladrillo parisino a su compatriota Kim Clijsters en tan sólo dos mangas, inaugurando una época deportiva dorada.
El año 2004 comenzó con triunfo en Melbourne, pero un virus persistente hizo que perdiese el número uno, aunque la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Atenas la serviría luego como consuelo. Al año siguiente perdió en Roland Garros, pero el mayor acelerón se produjo en 2006, cuando consiguió alcanzar la final de todos los torneos de Grand Slam de la temporada, con una sola victoria, eso sí, en su pista favorita: París.
Una plaza que conserva durante 2007, año marcado por sus éxitos en Roland Garros y en el Open de Estados Unidos, aunque también por su divorcio y por la reconciliación con su padre. Dos pruebas a nivel personal que no la distrajeron en las canchas. Residente en Mónaco, la belga no ha decidido si abandonará inmediatamente el Principado, tras haber afirmado siempre que quería volver a casa tras su carrera tenística. Ahora, como dueña de varios clubes de tenis belgas, no hay nada que le impida volver a Lieja, a dedicarse a la formación de nuevos "números uno".
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