"Esta vez nadie me ha regalado nada", recalca Pereiro
Mientras recibe el cariño gratuito de la afición francesa, Óscar Pereiro se muestra templado. Líder convencido. Su nombre se escucha arriba, en la megafonía de los Alpes, en un circo colosal, como su situación en la tabla. La suya es una cara que entra bien en las cámaras. Felicidad contagiosa. La alegría de un resucitado, de alguien que pedalea sobre un segunda oportunidad. Sobre una ocasión única: unirse a Bahamontes, Ocaña, Delgado e Induráin en la lista buena del ciclismo español, la que cita a los ganadores del Tour, la que se aleja de la otra lista, la de la 'Operación Puerto'.
- En Montelimar, en la decimotercera etapa, se vistió de amarillo casi de casualidad. Ahora está a dos pasos de llegar con ese maillot a París.
-Hombre, he recuperado el liderato en la etapa reina. No tiene nada que ver con la vez anterior. Es cierto que también ha sido una sorpresa. Landis, hasta esta etapa, estaba un punto por encima de los demás. Pero siempre había la posibilidad de un desfallecimiento. La etapa era tremenda y había que comer y beber bien.
- Ahí ha estado una de las claves del día.
-La noche anterior a la etapa me llamó Perico Delgado y me dijo que atacara en el descenso del penúltimo puerto para que nadie pudiera comer.
- Pero aun así, ¿esperaba el desfallecimiento de Landis?
-No sé. Me he fijado más en mí. En el Galibier no iba muy bien, pero en el Glandón he tenido buenas sensaciones. Y me he dicho: 'hoy va a ser un gran día'.
- ¿Se siente ya ganador del Tour de Francia?
-He dado un gran paso. Sobre todo, para asegurarme el podio. En este Tour hay muchas sorpresas. Hay que ir día a día. Mira lo que le ha sucedido a Landis. Si paso la última etapa de montaña y la subida al Joux Plaine, sí que puedo soñar con ganar el Tour.
- Y todo comenzó en una escapada que le permitió recuperar media hora.
-Está claro que fue un fallo de mis rivales. Pero no del Phonak, sino de los otros equipos. Yo vine al Tour a ayudar a Valverde en la montaña. Era mi misión. Sabía que estaba en buen momento de forma. Por eso, cuando fallé en los Pirineos, al llegar al autobús les dije a mis compañeros que estuvieran tranquilos, que todavía se podía hacer algo. Hombre, la general ya estaba perdida. Luego me dejaron vestirme de amarillo por aquella escapada. Supongo que ahora se estarán arrepintiendo. Lo que está claro es que esta vez para coger el amarillo nadie me ha regalado nada.
Un buen escalador
- Tampoco nadie creyó en su capacidad como escalador.
-Bueno, he ganado la etapa reina de la Vuelta al Suiza, la Clásica de los Alpes. Fui segundo el año pasado en la etapa reina del Tour y luego gané en Pau. ¿Algo sí que subo, no?
- Y ahora está en una situación que ni soñaba.
-Sé que estoy a dos días de un sueño. Supone una responsabilidad, pero también es un alivio. Yo haré todo lo que pueda para conseguirlo. Los que me conocen saben que lo daré todo. Si lo logro, bien. Si no, pues no pasa nada. Hay que esperar a salir de los Alpes para hacer cálculos.
- ¿Teme un desfallecimiento como el de Landis?
-Nunca se sabe. A Floyd le vi mal al inicio de La Toussuire. Estoy triste por él. Tengo que darle las gracias por lo que hizo por mí, por dejarme vestirme de amarillo aquel día. Estuve cuatro años en el Phonak y guardo un gran recuerdo de aquella etapa. Para mí, Landis era el más fuerte del Tour. Y es un amigo. Me dejó ser líder. Yo nunca le hubiera atacado el primero.
- Ahora se jugará el Tour con Kloden, Evans y Sastre. ¿Qué significa esto para el ciclismo español, cuestionado por la 'Operación Puerto'?
-Esto es bueno para nuestro ciclismo, sobre todo después de lo que ha pasado. Y me alegro por Sastre, que es un buen amigo. Ha sido el más regular de este Tour. Los demás hemos tenido un mal día. Yo lo tuve en los Pirineos. También falló Kloden, Leipheimer, Menchov, Evans. Hemos fallado todos los candidatos menos él.