A Johan Bruyneel, director del Discovery, le gusta salsear por Internet. Así se enteró de lo de Rasmussen. De repente, Contador era el líder. Ya habían cenado. El hotel Ville de Navarre, un oasis de Pau, estaba ya en vigilia. Pero llamó a su elegido. Se lo dijo. No temía alterarle. Contador es un tipo sereno. El madrileño durmió de tirón. No salió de amarillo, pero sí subió al podio con ese maillot al final de la etapa. Sin euforia. Contenido. Consciente. «Me hubiera gustado ganarlo en el Aubisque. Pero bueno, para ser primero hay que ser segundo. Tengo una sensación extraña». Bruyneel amansaba su alegría: «No es para disfrutar porque no es la mejor manera de merecer el liderato. Aunque Alberto lo ha hecho muy bien y sí lo merece». Entre el sí y el no. Contador comenzó ayer a notar el peso del color más preciado del Tour.
Desfiló ante una batería de cámaras. Una a una. Como en un casting. Mismas preguntas. Mismas respuestas. Hasta que una vez sentado en el tráiler de las conferencias de prensa, escuchó en inglés una ráfaga de tres cuestiones: «¿Está usted limpio? ¿Ha pasado todos los tests antidopaje? Explique su relación con la 'Operación Puerto'». El madrileño se defiende en inglés. Y le está cogiendo el hábito a las preguntas con filo. «Desde luego que estoy limpio. He pasado sin problemas todos los controles y me exculparon de la 'Operación Puerto'». Fuego cruzado. Luego hizo su reflexión: «Es triste que a un líder del Tour le pregunten si está limpio. El ciclismo es un espectáculo. Mira la gente que ha salido a vernos estos días. Todo esto es una lástima».
Tour triste. La siguiente pregunta fue igual de directa. Venía de Dinamarca, el país del líder destronado, de Rasmussen. «¿Conoce a Ferrari? ¿Ha trabajado con él?». Ferrari es el médico de la polémica. El de Armstrong y Vinokourov. Y dicen que el de Rasmussen. «No, no sé ni cómo es físicamente. Mis médicos son los del equipo. Sólo trabajo con ellos». Ya no hubo más dardos. Se hizo hueco para lo poco de ciclismo que le resta a este Tour. La contrarreloj.
«Tener un minuto y 53 segundos sobre Evans está bien, pero no es definitivo. Será difícil. Evans es algo mejor que yo contra el crono. Pero con la motivación de ser el líder, creo que puedo conseguirlo. Una crono de 55 kilómetros es muy larga. Cuando llega el kilómetro cinco, te asustas al ver el cartel de lo que resta hasta la meta y al notar que el pulsómetro marca ya 180 pulsaciones. Pero estoy mentalizado». Pensaba en el sábado, en el minuto y cuatro segundos que le arañó el australiano en la crono anterior. «Y sobre todo, pienso ahora en descansar, en el masaje, en sentarme a ver una película con Noval (su compañero de habitación)». Tiene 24 años y maneras de viejo ciclista. Cauto. Sosegado. Nacido para líder.
En la rueda de entrevistas, inmediatamente después de Contador pasó Bruyneel. A rebufo. Tampoco tenía dudas. «Alberto es algo menos que Evans en la contrarreloj. Pero se encuentra muy bien. Y le sobra motivación». Bruyneel ya ha ganado varias veces el Tour al volante de Armstrong. Mañana guiará al elegido de Pinto, del pueblo que ya prepara la traca. Contador lo sabe: «Antes de la fiesta hay que ganar el Tour. Aunque sé que si soy segundo o tercero la afición va a estar conmigo. Lo he notado estos días».