Contador nacido para el marillo
Desde que comenzó en el mundo del ciclismo, Alberto Contador parecía predestinado a hacer algo grande en este deporte. Ha ganado el Tour de Francia once años después de que Miguel Induráin lograse el último de los cinco que logró. Contador ha tenido siempre algo especial. Ahora que ha llegado a lo más alto, su vida, la personal y la deportiva, pasarán por el tamiz de la opinión pública.
Entre París y Pinto hay muchos kilómetros, pero sobre todo, lo que ha pasado es mucho tiempo desde que comenzó a competir. En la primera carrera que ganó entró de la mano con Carlos Abellán, que luego sería compañero suyo en el equipo Liberty. Los que le recuerdan en sus inicios hablan de un corredor con una fuerza tremenda. Le llamaban Pantani en las categorías inferiores, algo que no le gustaba mucho. Prefería que le conociesen por su nombre.
Subiendo El Atazar, un puerto que hay en Torrelaguna, en sus primeras pruebas, lleva unas zapatillas tres números más grandes, una bicicleta de 18 kilos de peso con los cables por fuera y no más de cuatro piñones. Además de fuerza, su físico llamaba la atención. Cuando empezó en Pinto, llevaban a los chavales de la escuela a la piscina a bucear y conseguía hacer el doble de trabajo que los demás. Ha sido siempre ambicioso, de los que no les gustaba perder nada. Su cuerpo, entonces como ahora, estaba sin definir. Atesoraba un gran motor dentro.
Ideas siempre claras
Cuando tuvo que pasar al campo aficionado, el chaval que silbaba en el balcón de su casa a las palomas, a las que daba de comer en la mano, es un gran amante de los animales, no tuvo dudas. Quería irse al equipo filial de la ONCE, Iberdrola, que tenía su sede en Guipúzcoa, y que dirigían Peio Garaialde y Juan González, que fue al que ofrecieron el corredor. "Me llegó por medio de Eladio Ambite,-un ex profesional que corrió con Javier Mínguez de director-, y que puso empeño en que lo fichásemos. Tardamos dos meses en cogerle porque teníamos el equipo a tope, con 27 ciclistas", explicó el técnico cántabro, con el que estuvo dos años.
No duró mucho en esa categoría. En la habitual concentración invernal que llevaba a cabo el equipo aficionado, en el Hotel Cueli, Contador iba a hacerse las fotos para la siguiente temporada cuando Manuel Saiz le llamó a Juan González: "Que no se las haga. Pasa a profesionales". Estuvo un año en el Iberdrola y otro en el Würth. "Era un corredor con las cosas muy claras, difícil en algunos momentos. Donde quería ganar se dejaba la piel. Tenía muchas carencias técnicas en los descensos, en los abanicos, al correr en grupo", dice su director de esa época.
Lo que ya apuntaba y que luego confirmó en profesionales era una capacidad de recuperación fuera de lo normal: "En las primeras etapas de todas las pruebas por etapas tenía problemas. Donde había codos, frenazos, no le gustaba mucho. Luego iba cada día a más. La Vuelta a Palencia la perdió en la primera etapa precisamente por eso".
Unido a su familia
Otra de sus cualidades era que tenía buenas condiciones para las subidas y andaba contrarreloj: "Corrió un Campeonato de España y quedó cuarto. El siguiente año, lo ganó". No se olvida Juan González que en una cronoescalada a Santiagomendi, una carrera que se celebra en Guipúzcoa, salió con un tubular de pista: "Hacía tanta fuerza al levantarse de la bicicleta que lo rompió. Cuando arranca de pie mueve mucha potencia". En una Vuelta a Palencia se rompió la muñeca y lo solucionó rápido para volver a correr de inmediato.
Contador viajaba desde Pinto hasta Ordicia todos los fines de semana, en compañía de Jesús Hernández, que también llegaría al mundo profesional con Liberty. Con 20 año pasaría a profesionales. No sólo el ciclismo ha ocupado su vida. Su familia es muy importante para él. Sus padres de llaman Francisco y Francisca. Con su padre se dedica a criar canarios y jilgueros.
Es el tercero de cuatro hermanos, Francisco, Javier, Alicia, Alberto y Raúl, que tiene parálisis cerebral. Su hermana Alicia también tuvo algunos ataques epilépticos. Su novia se llama Macarena. Desde muy joven, Alberto sabía que tenía que sacar adelante a su familia. Su madre, sobre todo, le ha apoyado mucho. Es la que se ha encargado de organizar los autobuses que han seguido al corredor en muchas pruebas y que también están en el Tour. El fútbol y el atletismo fueron sus primeros deportes, que no se le daban nada mal.
En el momento del triunfo habrán pasado muchas cosas por su cabeza, como el accidente que tuvo en la Vuelta a Asturias, el cavernoma que estuvo a punto de costarle la vida. Estando en el hospital, Juan González le visitó: "Estuvimos hablando. Me dijo que podía ser ciclista u otra cosa, que no sabía que es lo iba a pasar. Ahora ya sabemos lo que es".