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Tanto corredores como directores coinciden en que el Tour debe decidirse en la semana final, en los Alpes

Un Tour con menos cronos y más abierto

Brest, que acogerá la salida del Tour de Francia por tercera vez, será el inicio de una carrera distinta a la de los últimos años, con menos kilómetros contrarreloj, en la que no habrá prólogo.

En 1952 y en 1974, las dos ocasiones anteriores en las que el Tour arrancó de esta localidad bretona, fueron Fausto Coppi y Eddy Merckx los que terminaron ganando la prueba. No hay corredores italianos y belgas que aparezcan en los pronósticos para poder vencer en esta edición, salvo que Damiano Cunego dé un salto de calidad importante.

Con veinte equipos y 180 corredores en línea de salida, sin bonificaciones en la llegada y en los sprints intermedios, la prueba favorece más a los escaladores que a los contrarrelojistas, dos palabras que cada vez se conjugan menos en el mundo ciclista, donde se imponen los corredores totales, que andan bien en los dos terrenos, que son regulares.

Es la primera vez desde que se instauró el prólogo, en 1967, que no se disputará una etapa de este tipo. Se comenzará con una jornada en línea, en la que no habrá bonificaciones, por lo que la primera criba importante llegará en la cuarta etapa, con una contrarreloj individual de 29 kilómetros.

Además de no contar con un prólogo y no tener contrarreloj por equipos, quedará, junto a la de la cuarta etapa, otra contrarreloj, el penúltimo día, de 53 kilómetros. En total, 82 kilómetros, muy pocos para quien quiera sacar ventaja en ese terreno. En cuanto a la montaña, se pasarán primero los Pirineos y luego los Alpes.

Dos etapas, la novena y la décima, es todo lo que veremos de jornadas pirenaicas. Entre Toulouse y Bagnéres-de-Bigorre, más llamativos que el Peyresourde y el Aspin son los 224 kilómetros que tiene la etapa, la segunda más larga de todo la prueba. En la décima etapa se llegará a Hautacam. Con pocos kilómetros, 154, se subirá el Tourmalet antes de llegar a Hautacam.

El Macizo Central se pasará antes de los Pirineos. Es una zona complicada, peligrosa. Tanto corredores como directores coinciden en que el Tour debe decidirse en la semana final, en los Alpes, con tres etapas seguidas de alta montaña, dos de ellas con llegadas en alto.

Carrera ordenada

La llegada inédita a Prato Nevoso, en Italia, será el aperitivo del final en Jausiers, con los puertos de La Lombarde y el Bonette-Restefond, los dos por encima de los dos mil metros.

Hay dudas sobre el día más duro de este Tour, pero puede ser la etapa entre Jausiers y L'Alpe D'Huez, con el Galibier, Croix-de-Fer y ese final de 13,3 kilómetros. Para rematar la semana tendremos la contrarreloj, demasiado larga, como siempre, teniendo en cuenta que se habrán acumulado muchos esfuerzos en pocos días.

Un Tour clásico, con ligeras variaciones, que en principio se presenta muy abierto, con Cadel Evans algo más favorito que el resto de aspirantes, que son muchos, al menos hasta que la propia carrera coloque a cada uno en su sitio.

El Tour debe de ir ordenado después de la primera contrarreloj, a la espera de poder eliminar algún corredor por el Macizo Central y en los Pirineos.

Da toda la impresión de que va a convertirse en una prueba en la que más importante que atacar será aguantar, esperar los fallos de los rivales e ir situándose en posiciones delanteras para comprobar cómo van funcionando los corredores que cuentan para los primeros lugares.

Estamos ante un Tour en el que un buen número de ciclistas ven la posibilidad de poder acceder al amarillo, de aprovechar una de esas contadas ocasiones en las que no hay una tiranía que deja la prueba bloqueada desde el comienzo. El riesgo de escapadas, como la que cogió Óscar Pereiro, que primero le dio el segundo puesto y luego el primero, estará más latente que nunca
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