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Kashechkin y Vinokourov se abrazan tras la victoria
El poder kazajo deja sin Vuelta a España a Valverde

Andreiy Kashechkin entró en la meta tirando del nombre de Astaná, la capital de su país, que lleva pegada al pecho. Nada más cruzar esa línea, se abrazó a Vinokourov, que lleva dos días seguidos regalando las victorias parciales, en Granada y en la sierra de La Pandera, en aras de algo más importante, la victoria final en esta Vuelta que cada vez tiene más cerca.

Valverde, que volvió a padecer mucho y fue capaz de superar un momento malo en esa subida, lo que amortiguó su pérdida de tiempo, se dejaría 32 segundos. El murciano demostró, un día más, que sabe sufrir, algo muy importante en este deporte. Con la ayuda de Joaquín Rodríguez pasó como pudo dos kilómetros que tuvo malos y luego tiró hacia delante, intentando divisar a los dos corredores kazajos que volaron, sacando partido del trabajo del equipo de Valverde, Caisse d´Epargne, que asumió todas las responsabilidades.

Pusieron un ritmo muy fuerte durante toda la etapa, e incluso en el inicio de la subida, con Zandio, Karpets y Arroyo. Ese plan de trabajo indicaba que Valverde tenía intenciones de atacar. Astaná realizó toda la jornada en una carroza real. Les estaban haciendo la carrera, endureciéndola.

Eusebio Unzue no podía hacer otra cosa. Tenía que jugársela aunque llevase al enemigo descansado. Kaskechkin, el vencedor en La Pandera -es el cuarto triunfo del Astaná en la prueba- decía bajo la niebla que iba cubriendo el alto que "Baleares ha trabajado muy bien". "A mí me gusta ese ritmo, fuerte, que lleva a todo el mundo al límite y viene bien a los más fuertes".

El principio del fin para Valverde llegó cuando quedaban seis kilómetros para una cima que no se divisaba. Astaná lanzó primero a Kashechkin. Carlos Sastre se le pegaba. Fue un señuelo el ataque de quien luego ganaría la etapa. Vinokourov volvió a reventar la etapa.

Dúo kazajo

Ha aprendido a gestionar sus esfuerzos. Ya no es el corredor alocado de hace unos años, cuando lanzaba tres o cuatro ataques. Ahora lo hace sólo una vez y se va. Nadie le pudo seguir. Remachó a su amigo y allí se acabó todo. Le preguntan si piensa que Valverde va a atacar: "No, no lo creo".

Y ahí dejó zanjada la cuestión. Mientras Vinokourov se tiraba encima de la bicicleta, Joaquín Rodríguez trataba de que Valverde no reventase. Lo pasó mal. Logró reponerse, pero no había tiempo, ni espacio, para mitigar el sufrimiento de esa ascensión. Kashechkin volvió a dejarle sin aire. También atacó. Se juntarían los dos kazajos en cabeza. Valverde se iría en solitario. Volvía a ser, como en Monachil, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Ni siquiera pensaron en las bonificaciones los kazajos, ni antes de atacar, ni en la meta. Sólo les obsesionaba el tiempo que podían sumar. El mantener en vilo a un país en el que están viendo la Vuelta a España en directo. Incluso el presidente de Kazajistán la siguió.

Explicaba Kashechkin que "todo el mundo iba justo". "Hemos notado que Sastre iba mal. Volvía a suceder lo mismo que en Granada. Era nuestra ocasión". Y volaron. Los dos kazajos por delante, con Valverde a 32 segundos, más otros 12 de bonificación, en una diferencia que se va a los 53 segundos, un guarismo que parece insalvable para Valverde. Buscaba Caisse d´Epargne un día pletórico de Valverde para conseguir esos 20 segundos en bonificación en la meta que volviese a meterle en carrera, pero los kazajos no permitieron nada. Desarbolaron todo en un terreno en el que sólo contaba el valor físico de cada ciclista.

Carlos Sastre tuvo que subir a su ritmo, sin poder meterse en los acelerones que se produjeron, lo que le aleja del podio, del tercer puesto. Vinokourov no quiere hablar de que tiene ganada la Vuelta: "Hasta que llegue a Madrid no he ganado nada". Tampoco dudó a la hora de escoger un triunfo: "Preferiría ganar el Tour que la Vuelta".