Víctor Cordero: "Otro escándalo como el de Heras sería un suicidio"
El director general de la ronda reafirma su apuesta por un deporte limpio y espectacular, aunque asediado por la sucesión de casos de dopaje.
Víctor Cordero es la voz de la Vuelta. Psicólogo de formación. Cosas del destino: dejó el diván por las bicicletas y ahora, en cierto modo, ha vuelto a la consulta. El ciclismo, más que un deporte, es un paciente. Deprimido. Algo paranoico. Convencido de que sufre una persecución mediática, policial y judicial. No se da cuenta de que en lugar de perseguido, cada vez es menos seguido. Los espectadores han perdido la fe. En un año, maldito, la Vuelta ha tumbado por EPO a su líder, Heras; la "Operación Puerto" ha desacreditado al ganador del Giro, a Basso, y un control positivo por testosterona en el Tour ha decapitado al último salvador de este deporte, Landis. Al ciclismo sólo le sigue una sombra, la del dopaje. En Málaga, la Vuelta tratará de rescatar al enfermo de esa depresión, con un tratamiento repartido en 21 etapas.
-¿Cómo se vende al público una Vuelta que aún no tiene ganador oficial de su última edición por el positivo de Heras?
-Ha sido un año muy movido. Nosotros creíamos que habíamos llegado al punto de inflexión en la salida del Tour, cuando varios de los favoritos tuvieron que irse a casa. Resultó un Tour espléndido en lo deportivo. Emocionante. Pero luego sucedió lo de Landis. Por eso, ahora nosotros queremos tener las máximas garantías de que los ciclistas que inicien la Vuelta en Málaga no nos den una desagradable sorpresa en la llegada a Madrid. Tras lo de Heras, supondría un segundo escándalo consecutivo y eso sería un suicidio.
-Después de un Tour tan espectacular, el efecto del positivo de Landis se ha multiplicado.
-Por eso estamos trasladándole al mundo del ciclismo que es posible realizar un gran Tour con gente que va limpia. A esos ciclistas queremos en la Vuelta. No nos corresponde a nosotros emitir certificados de limpieza. Lo que hacemos los organizadores es apoyar a unos equipos que cumplen el código ético aceptado por ellos mismos.
-Visto el positivo de Heras en la Vuelta, el autor de una etapa memorable en Pajares, o de Landis en el Tour, con su proeza en Morzine, ¿se puede creer aún en gestas?
-El público percibe esos problemas, como percibe los de Marion Jones o Gatlin. El ciclismo es un deporte tan enraizado en Europa que sale adelante incluso pese a las burradas que hacemos los que estamos dentro. Como anécdota, te diré que en el primer Tour de Francia, el de Garin, hubo cuatro descalificados por recurrir a un método prohibido. Claro que era de otro tipo: se subieron a un tren. En el ciclismo y en la sociedad hay tramposos.
-Pero es cierto que, según los análisis y la Guardia Civil, parece que en el ciclismo son numerosos.
-Es que en este deporte llevamos nuestra propia penitencia. Por querer ser más exigentes que nadie en la lucha antidopaje, hemos dado más casos positivos. Ahora, con los casos en otros deportes, se está comprobando que sustancias prohibidas que parecían asociadas sólo al ciclismo aparecen en otros sitios. Y no es que quiera poner el ventilador. Pero lo cierto es que el ciclismo no consume los miles de millones de dólares que mueve el mercado de los productos dopantes. No tiene capacidad ni para la décima parte.
-El ciclismo está viviendo su situación más delicada.
-Ojalá el caso de Landis sea el último. Prefiero mirar al otro lado del ciclismo. A Sastre, por ejemplo. Va a disputar la tercera vuelta grande en un año. Y viene a ganarla. Es la cara de la moneda. La demostración de que a base de trabajo se pueden hacer cosas así en el ciclismo.
-Sastre, por cierto, encabeza una gran participación en la Vuelta.
-E imagínate qué Vuelta tendríamos si no hubiera sucedido lo de Landis. Después de ese Tour estaríamos ahora en una situación de euforia. Por eso, lo que hay que decirle a la gente es que el ciclismo espectacular es posible. Y que si hay algún tramposo, lo cazaremos. Lo malo es que hay que esperar hasta unos días después del final de la Vuelta para aplaudir al ganador. Eso habría que arreglarlo.
Controles dirigidos
-Los datos dicen que, últimamente, el tramposo cae. Eso es perjudicial para el ciclismo a plazo corto, pero beneficioso a plazo medio.
-Pues mira, quizá es que por primera vez la policía va por delante de los ladrones. Si no, no se entiende que caiga gente como Marion Jones. Tienen que estar zumbados para recurrir a dopantes cuando saben que les van a hacer un seguimiento. O son inconscientes o, sencillamente, los métodos de detección se han perfeccionado. Es cierto que la Vuelta dedica uno de sus mayores apartados del presupuesto a la lucha antidopaje. Lo que queremos es pillarles antes de que se inicie la carrera, no después.
-¿Va a haber aún más controles en la Vuelta?
-Ya no se puede reforzar. El año pasado sí se produjo un gran avance con el método de detección de las transfusiones sanguíneas. Este año vamos a seguir igual, con el mismo número de controles. Lo que está sucediendo ahora es que la UCI, más que análisis por sorteo, dirige los controles hacia ciertos corredores. En cuanto algún parámetro médico aparece alterado, la UCI se centra en ese ciclista. Y lo que es más eficaz es la realización de controles por sorpresa.
-En el equipo Astaná, uno de los más afectados por la "Operación Puerto", defienden la presunción de inocencia de su corredores, que no han sido condenados, pero que no pueden ejercer su derecho al trabajo.
-La presunción de inocencia es un derecho democrático. Lo que ocurre en este caso es otra cosa. Se les está aplicando un código ético en cuya redacción intervino directamente gente de ese equipo. Es el código de los veinte equipos del UCI Pro Tour. El suyo. Es su compromiso: si un corredor está siendo investigado por un asunto de dopaje no puede ser inscrito en las carreras. Además, esto no es nada raro. En la propia reglamentación de la UCI hay algo similar. Si alguien está implicado en un supuesto caso de dopaje, no puede acudir a los campeonatos del mundo. A día de hoy, ningún organizador de carreras ha puesto pegas a ningún equipo. Ha sido la propia asociación de equipos. Como sucedió en el Tour. Son los propios equipos lo que han pedido que nadie acuda a las carreras con corredores implicados en la "Operación Puerto".
-El caso del Comunidad Valenciana es distinto. Era un conjunto invitado por la propia Vuelta.
-Así es.
-Vicente Belda achaca la exclusión de su equipo a la persecución de dos periódicos, a una persecución política.... Incluso también ha cargado contra Unipublic, organizadora de la Vuelta.
-Mira, soy psicólogo de formación. Y todo eso de las persecuciones tiene un nombre: paranoia. No ha habido ninguna persecución. Cuando les invitamos, el 1 de marzo, ya les advertimos de que un único incidente con el dopaje sería suficiente para retirarles la invitación. Además, ellos nos acreditaron que habían firmado el código ético del Pro Tour. Y luego vino la detención de su segundo director, Labarta, en la "Operación Puerto". Eso es algo más que un incidente. Por otro lado, cuando leímos el informe de la Guardia Civil vimos que había otras diecisiete personas del equipo implicadas. Eso no significa que sean culpables. Simplemente, quiere decir que están siendo investigados. Y el código ético dice que no se pueden inscribir en las carreras. Si hay 17, sólo les quedan siete corredores. Por eso, lo más lógico era retirarles la invitación.
-¿Por qué no se invitó en su lugar a otro equipo, al Kaiku o al Andalucía?
-Porque el reglamento tiene una letra y un espíritu. Hay que otorgar todas las invitaciones el 1 de marzo. Yo luché contra eso, pero siempre tuve en frente a Manolo Saiz. Él defendía que a partir de ese 1 de marzo, todos los participantes de la Vuelta tenían que someterse al mismo seguimiento médico. Por eso, no se podía ofrecer esa plaza a nadie fuera de esa fecha. La "Operación Puerto" llegó a finales de junio. Además, creo que no había ningún equipo de la entidad del Comunidad Valenciana para ocupar su plaza.
Dureza y trampa
-Hay quien defiende que el dopaje se debe a la dureza de los recorridos. El caso es que la Vuelta lleva años recortando los kilometrajes sin librarse de los escándalos.
-Ligar dopaje a recorrido es una falacia. La gente se dopa para correr los cien metros. Y si hiciéramos etapas de 50 kilómetros, también aparecerían casos de dopaje. Y si pusiéramos un jornada de descanso tras cada etapa, igual. El tramposo está y quiere ganar. Como sea. Lo que hay que hacer es formar a los jóvenes deportistas. Hay que trabajar con los chavales de 16 ó 17 años. Hay que decirles que con el dopaje, además de desgraciarse el cuerpo, no se soluciona nada. La vida no es eso. El fin no justifica los medios.
-Aun así, ¿los recorridos del futuro serán más suaves?
-Nosotros lo que intentamos es que tengan calidad para el espectáculo y humanidad para los corredores. Que nadie me diga que la etapa de La Cobertoria, que tiene cinco puertos, es un matahombres. Eso es ciclismo. Lo que no se puede hacer es meter veinte etapas de montaña. Ahora bien, los mismos que critican una cosa luego nos preguntan que para qué ponemos una crono por equipos inicial de sólo siete kilómetros. Pues mira, para quitarle una etapa a la Vuelta en lo que a dureza se refiere. Pero nunca recortamos por la cuestión del dopaje. Eso no tiene nada que ver.